jueves, 12 de febrero de 2009

La muerte: ¿Todavía un valor tabú para la LIJ?

La muerte: ¿Todavía un valor tabú para la LIJ?
(08.07.2008) - Contribuido por Simone Sousa - Última modificación (08.07.2008)
LA MUERTE: ¿TODAVÍA UN VALOR TABÚ PARA LA LITERATURA INFANTIL Y JUVENIL? Simone SousaAlumna de
doctorado de la Universidad del País Vasco Cuando alguien muere, se vuelve más abstracto, indefinible, enorme.El
cuerpo se le vacía en despedida solemne y todos los espaciosson flores de crepúsculos caídas sobre losas que otros
decoran con sus nombres. De repente ocupa todo el universo.Morir. Ana Mª Fernández. (Amar y otros verbos.2002:42).
En la actual sociedad en la que vivimos existen algunos valores que son todavía considerados tabú. Uno de ellos es la
muerte. Dentro de las familias, en la escuela o en el medio social. En realidad sólo en los años 50/60 el tema de la
muerte empezó a salir de la total clandestinidad en la que se encontraba pero sigue siendo un misterio puesto que hasta
ahora nadie ha regresado para contar como es la experiencia de morir. Así aunque frecuente e irrevocable, la muerte
sigue siendo uno de los temas tabú de la vida en sociedad y eso porque la muerte no es un tema sino un obstáculo
para el pensamiento: un bloqueo o cortocircuito más que un desafío teórico. La muerte se contempla pero no hay forma
de pensarla. Savater, (1982: 143). La muerte es inevitable e indiscutible, pero las sociedades difunden de maneras
distintas las creencias en el más allá y en la inmortalidad. El ser humano es un ser contingente: nacemos, vivimos, nos
enamoramos, enfermamos, nos curamos y, al final, siempre morimos. No deja de resultar curioso que uno de los rasgos
característicos de la filosofía occidental sea la ocultación de la muerte. La filosofía ha rodeado la muerte de una niebla.
Simplemente no hay muerte […] Pero la muerte nos hace únicos e insubstituibles. Sólo el sujeto singular puede
morir. Por lo tanto, olvidar la muerte supone apartar la mirada de uno de los aspectos constitutivos de la naturaleza
humana, de la contingencia, un aspecto que – insistimos- nos hace únicos e insustituibles. Bárcena y Mélich
(2000:16) No hay como fugarse de la muerte ya que ella hace parte de la vida. No es un futuro, es una realidad en el
presente de cada individuo, la muerte me pre existe: no voy hacia ella sino que estoy instalado en ella desde el
momento mismo de nacer. Savater, (1982 :145).
Los niños suelen ser apartados de la concepción de la muerte en la mayoría de las veces por el desconocimiento de los
padres sobre cómo tratar el asunto con ellos. Según la psicología el niño va construyendo el concepto de muerte junto a
su desarrollo cognitivo pero la mayoría de los padres y educadores prefieren evitar hablar de lo inevitable y terminan por
confundir a sus hijos y estudiantes.
Muerte y literatura infantil Cuando pensamos en temas de literatura infantil y juvenil siempre relacionamos esos
contenidos con la institución escolar sus normas editoriales y necesidades didácticas lo que controla de cierto modo la
producción de literatura infantil y juvenil evitando ciertos temas molestos para los que solicitan los textos. Sin embargo en
la literatura infantil y juvenil del siglo XX algunos autores se han mostrado sensibles a esa temática y esa tendencia
sigue aumentando aunque es más común encontrar el tema de la muerte en la literatura juvenil participando en la
trama, eliminando personajes indeseables o sirviendo de castigo. Ya en la franja infantil el tema es normalmente
abordado de manera incipiente de modo general. Reconozco que el tema de la muerte es existente y de cierto modo
obligatorio a la formación de los niños y niñas y que la literatura infantil y juvenil puede servir de ayuda para la
comprensión de este concepto. “Como una de las funciones de la literatura infantil y juvenil es introducir el niño en
el mundo real no se debería eludir la presencia de la muerte aunque tal vez sería mejor evitarles a los más pequeños
cuentos como La fosforerita o la sirenita de H.C. Andersen, ya que por bello y emocionantes que sean pueden parecer
en una primera lectura, celebraciones místicas y mórbidas de la muerte”. (Soriano, 1999:520).
Sin embargo aunque el tema sea real y necesario no creo que sea ineludible hablar de muerte usando el propio matiz
frío, visceral, dramático y angustiante que la idea de muerte conlleva. Hablar sobre la muerte sí, pero con naturalidad,
cotidianidad y sobretodo con arte. El tema precisa ser conocido, ser madurado por los niños para ayudarles a
enfrentarse a lo irrevocable en su familia, con sus amigos o animales pero eso se puede hacer- y ahí entra la
“buena literatura infantil” – utilizando sensibilidad y palabras simples pero acertadas, para escribir
sobre un tema tan delicado para nuestra sociedad. Es que es mucho peor esconder el tema ya que de una manera u
otra aparecerá en la vida de cada niño. Es decir hacer del tema un tabú es inculcar en los niños un miedo
innecesario. Evitar el asunto o hablar de él utilizando eufemismos grotescos lo que hace es dar vueltas sobre un
contenido que hoy día la mayoría de niños conocen e inclusive lo viven. Los porqués de los niños deben ser
respondidos pero recordando que son niños y que no tienen la necesidad de aprender las cosas de golpe o con
brutalidad. Todo a su tiempo. La literatura infantil sirve de puente para responder muchos de esos
“porqués” de los niños y niñas y ¿por qué no responderlos con magia y comprensión? “Los libros
para niños también pueden ayudar a desdramatizar la muerte y ayudarnos a digerir y aceptar nuestra condición de
mortales. Ayudarnos a ver en la muerte que llega a su tiempo, el descanso después de largas fatigas de la existencia,
pero también la posibilidad de transmitir un mensaje sobre el sentido de la vida (…)” (Soriano, 1999:521).
Como he comentado antes parece ser que el tema de la muerte ahora aparece reflejado más veces en las obras de
literatura infantil y juvenil. Para hacer una referencia ya considerada clásica cito al famoso Harry Portter de J.K.
Rowling. Desde el inicio de la narración la muerte está presente. La muerte de los padres de Harry, la obsesión de
Voldemort en vencer la muerte y conquistar la inmortalidad. Parece ser que la palabra voldemort tiene origen francés y
así significaría “vuelo de muerte” o “ladrón de muerte” (en francés “vol” tiene los
dos significados), así que un nombre bastante apropiado para el personaje y sus objetivos. La muerte sigue haciendo
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parte de las tramas en varios libros más hasta el último de ellos Las reliquias de la muerte.
Observando pues algunas narraciones infantiles y juveniles nacionales de los últimos diez años, de un total de ochenta
narraciones encontré la muerte como tema frecuente en un (25%) de ellas. Es decir, el tema aparece en 20 de los 80
títulos. En algunos de ellos la muerte aparece con toda su dureza y crueldad. La muerte por asesinatos, como
consecuencia de la guerra o simplemente la mención de que alguien murió sin disimulos o eufemismos. Pero en otras
tratan sobre y de la muerte. O sea intentan explicarla o puramente hablan de ella usando para eso el arte que la
literatura consiente y son estas obras que creo oportuno mencionar en este momento. Tres de ellas pertenecen a la
franja infantil y las otras dos a la juvenil. Caracoles pendientes y mariposas de Blanca Álvarez es una de ellas. Una obra
que habla de la tristeza con una belleza sorprendente. La muerte es tratada por el personaje Idoia, una niña de 8 años
con objetividad y simplicidad. “Ella no quiere comprender. Sabe que los adultos dan extrañas rodeos para hablar
a los niños de asuntos como la muerte.” (p.105). Primero la muerte de su hermano menor que hace con que sus
padres se hundan en tristeza, luego la muerte de un niño que conoce en el pueblo de su abuela. También la obra El
cementerio del capitán Nemo de Miguel Rayó, trata en su final sobre la muerte del abuelo del protagonista con nostalgia
y simplicidad, sin disimulos.
Merece la pena citar asimismo la forma como la muerte es tratada en En un bosque de hoja caduca del muy conocido
Gonzalo Moure. Una visión original usando la naturaleza como escenario trata la muerte con un tono bucólico como lo que
realmente es: una extensión de la vida. “Ni siquiera se alteró la vida del bosque: la vida y la muerte tan naturales la
una como la otra tan necesitadas de una de la otra” (p.49). En Mensaje Cifrado de la murciana Marta Zafrilla el
protagonista sufre un cierto desconcierto con la muerte repentina del abuelo- su amigo y compañero- que se confunde
con la necesidad de descubrir el mensaje que le había dejado. La autora describe la sensación de Santiago al ver su
abuelo en el ataúd como una sensación casi irreal. Una visión, trágica y realista, triste y poética, de la muerte es la que
aparece en La casa del acantilado obra ganadora del Premio Euskadi de literatura infantil y juvenil en 2002. Primero la
muerte de la abuela (que la deseaba hacía mucho ya) de Joana, la protagonista. “La abuela deseaba una muerte
plácida, morir mientras dormía, deslizarse al reino de las sombras sin sobresaltos” (p.13). Luego la muerte
accidental y trágica del novio de la protagonista que es vista por ella como una huella eterna e imborrable de la
memoria es narrada con grandes rasgos poéticos. Y finalmente la referencia de El cartero de Bagdad. Una obra llena
de realismo donde la muerte, consecuencia de la guerra, se esconde en cada rincón, no permitiendo que ni siquiera los
niños se libren de verla, sentirla y vivirla. “De vez en cuando vislumbraba algún cadáver flotando. Ninguno de
los dos comenta. Parece que la muerte se ha convertido en una compañera más de sus juegos. (p. 110). En estas
obras encontramos el relato de la muerte con el uso de sensibilidad, objetividad, formación y arte. Son obras que abordan
la misma temática de formas distintas sin que una excluya la otra, lo que les da a los pequeños lectores la posibilidad
de lecturas plurales necesarias a su formación.
El tema de la muerte siempre será tabú en una sociedad que valora tanto la vida que se le hace difícil aceptar su fin.
Pero la literatura puede servir de compañía y ayudar a “vivir” la muerte de una forma distinta. Es decir
puede ayudar a los niños a lidiar con la muerte y a disminuir el prejuicio sobre el tema si los textos vienen sin
exageraciones y con una carga de cordura- sin menospreciar la capacidad intelectual infantil- y lo más importante, sin
romper antes del tiempo la fantasía del universo infantil.
Bibliografía citada
Bárcena, F y Mélich,J. (2000). La educación como acontecimiento ético. Paidós. Barcelona.
Savater, F. (1982). Iniciación a la ética. Anagrama. Barcelona.
Soriano, M. (1999). La literatura para niños y jóvenes. Guía de exploración de sus grandes temas.
Colihue. Buenos Aires.
Libros infantiles y juveniles citados:
Álvarez, B. (2002). Caracoles, pendientes y mariposas. Edelvives.
Rayó, M. (2004). El cementerio del capitán Nemo. Edelvives.
Moure, G. (2006). En un bosque de hoja caduca. Anaya.
Zafrilla, M. (2007). Mensaje cifrado. SM.
Meabe, M. (2002). La casa del acantilado. Edebé.
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